Tercer Grado • Maestro Masón

La Palabra Perdida

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La Palabra Perdida masónica encarna la verdad última e inaprensible que el iniciado persigue con fervor. Es el misterio central de una búsqueda eterna de sabiduría, luz y conocimiento trascendental.

En la Tradición simbólica de nuestros Talleres existe una enseñanza que, por su hondura y su silencio, ha acompañado a los constructores espirituales de todas las edades: la alegoría de la Palabra Perdida. Cuenta el rito que, tras la muerte del Maestro Hiram, el verbo sagrado que éste guardaba como depósito de la Sabiduría Suprema fue buscado afanosamente por los compañeros sin poder ser hallado, y que en su lugar se pronunciaron palabras sustitutas, dignas y respetables, pero imperfectas, a fin de que la Cadena de Unión no se rompiera y la Obra pudiera continuar. Esta no es, hermanos, una mera reliquia histórica ni un cuento venerable para ser repetido con fervor nostálgico; es, ante todo, una lección filosófica sobre la condición del entendimiento humano frente a lo Absoluto, una imagen viva del límite que toda razón noble reconoce cuando se atreve a contemplar la totalidad del Ser.

Y es que la Palabra Perdida no fue verdaderamente perdida en el tiempo ni en la tierra: reside más bien en la distancia inabarcable que media entre lo que el hombre puede conocer y aquello que, por su misma naturaleza, permanece velado. Cada búsqueda que emprendemos con rectitud es, en realidad, una participación en la búsqueda original; cada verdad parcial que conseguimos articular no es sino una de las muchas palabras sustitutas que nos permiten seguir trabajando, seguir edificando el Templo interior, aunque sepamos que jamás agotarán la riqueza inefable de la Verdad única. El masón maduro comprende que la sabiduría no consiste en creer que ya se posee la respuesta definitiva, sino en cultivar la humildad necesaria para continuar preguntando, para sustituir la arrogancia del hallazgo por la nobleza del camino, y para aceptar que todo lo alcanzado es apenas un grado en una ascensión que no tiene cima visible.

Por eso el misterio que rodea a la Palabra Perdida no es un obstáculo a la razón, sino su más alta consagración. Buscarla no es perseguir un sonido oculto en las bóvedas del Templo, sino disponerse, día tras día, a purificar el corazón y a ensanchar la inteligencia para que, cuando el silencio revele lo indecible, el oído interior esté preparado para reconocerlo. La Francmasonería enseña que la Verdad última es inaprensible precisamente porque es infinita, y que el deber del iniciado no consiste en conquistarla, sino en hacerse digno de su eterna aproximación. Así, la Palabra Perdida permanece perdida para que jamás dejemos de buscarla, y permanece buscada para que jamás dejemos de ser, ante el misterio del Universo, humildes, laboriosos y reverentes servidores de la Luz.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

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