Segundo Grado • Compañero Masón

El Toque de Compañero

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Descubre el Toque de Compañero, el apretón de manos secreto del segundo grado Masón. Este gesto ritual permite el reconocimiento fraternal y simboliza la confianza entre Hermanos iniciados.

Desde la más remota antigüedad de las corporaciones de constructores, el Toque de Compañero ha constituido uno de los signos más característicos del segundo grado, aquel mediante el cual el Maestro masón reconoce a sus iguales en la tarea común de edificar, tanto el templo material como el templo interior del espíritu. Este apretón de manos, transmitido de generación en generación dentro de las logias, no es una mera convención o fórmula vacía, sino la expresión viva de una confianza recíproca que identifica al verdadero estudioso de las artes liberales y de las ciencias, a aquel que ha superado la rudeza del aprendiz y se apresta a profundizar en los misterios del conocimiento humano. En su origen medieval, cuando los operarios recorrían las ciudades buscando justa retribución por su labor, el Toque servía para distinguir al hermano verdadero del impostor, garantizando así la fraternidad, la seguridad y la honra del gremio; hoy, en la modernidad de nuestras tenidas, conserva idéntica nobleza, pues sigue simbolizando la hermandad entre quienes comparten un mismo ideal de perfeccionamiento moral e intelectual.

El Compañero, dentro de la simbólica del Grado, es el investigador aplicado, el hombre que se consagra al estudio serio de la geometría, la música, la astronomía, la retórica y las demás disciplinas que adornan su espíritu y lo capacitan para servir mejor a la humanidad. El Toque, por tanto, no puede comprenderse desligado de esta vocación sapiencial: es la contraseña silenciosa que recuerda al iniciado su compromiso con la búsqueda de la verdad, la tolerancia y la virtud, al tiempo que lo une, mediante un lazo invisible pero indeleble, con todos los demás Compañeros del mundo que, en Oriente y Occidente, han consagrado sus vidas a la misma obra. Quien lo recibe y lo otorga asume tácitamente la obligación de ser digno de la confianza depositada, de cultivar la prudencia en el hablar, la discreción en el actuar y la lealtad inquebrantable hacia los principios que la Orden profesa; tales son los votos que el apretón de manos sella sin palabras, con la fuerza serena de un pacto entre hombres libres y de buenas costumbres.

En su dimensión más profunda y filosófica, el Toque de Compañero trasciende la sola práctica ritual para convertirse en una lección permanente de ciudadanía y de ética universal. Cada vez que dos hermanos lo intercambian, renuevan el pacto de socorrerse mutuamente en sus necesidades, de socorrer también al débil, al huérfano y a la viuda, y de sostener los valores de justicia, equidad y razón que constituyen la savia del cuerpo social. Es, en suma, una escuela de fraternidad activa donde el gesto reemplaza al discurso, la voluntad a la promesa escrita y la presencia fraterna a toda demostración vanidosa. Por ello, quien aspire a portar dignamente este Toque ha de cultivar, con esmero constante, la ciencia del bien vivir, haciendo de su propia conducta el mejor de los diplomas y de su palabra empeñada el más sólido de los templos, porque sólo así comprenderá, con el corazón tanto como con la mente, que la verdadera Masonería se construye, ante todo, en el interior del hombre.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

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