Segundo Grado • Compañero Masón

La Palabra de Pase del Compañero

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Descubre el significado oculto de la Palabra de Pase del Compañero Masón, símbolo de abundancia y prosperidad. Un antiguo código que revela la plenitud del conocimiento y la riqueza espiritual del iniciado.

La Palabra de Pase del Compañero Masón, entregada al término del Segundo Grado, no es un simple vocablo convencional destinado a franquear el umbral del Templo; es la expresión simbólica de la retribución justa que el artesano recibe por el trabajo cumplido, retribución que la antigua tradición identifica con el trigo, el vino y el aceite, trilogía venerable bajo la cual se oculta la promesa de abundancia. Así, cuando el Compañero pronuncia su palabra, no hace sino recordar el pacto primordial entre el hombre y su obra, reconociendo que el sudor del entendimiento fecunda los surcos de la inteligencia y que toda labor noble, si es paciente y bien dirigida, halla al cabo el sustento propio y ajeno. Esa primera enseñanza, aunque vinculada a las necesidades elementales del cuerpo, eleva de inmediato el espíritu del iniciado, pues le descubre que ninguna vocación legítima queda jamás sin recompensa y que la Providencia, en su ordenación admirable, dispensa siempre frutos copiosos a quien cultiva con esmero el campo de su perfección interior.

Pero la verdadera significación de esta palabra se revela cuando el Compañero comprende que la abundancia no se mide en granos ni en odres, sino en la multiplicación de la luz que el estudio derrama sobre la conciencia. El Segundo Grado, dedicado a las ciencias y a las artes liberales, sitúa al aprendiz ante la vastedad del saber humano, y la palabra de paso aparece entonces como el emblema de una cosecha intelectual que jamás se agota, pues quien cosecha un conocimiento despierta el apetito de cosechar otro, y así sucesivamente hasta el horizonte infinito de la sabiduría. Esta abundancia interior, a un tiempo luminosa y silenciosa, constituye la fortuna inapreciable del Compañero: una riqueza que no se la roban los ladrones, que no se la corroe el tiempo y que, lejos de empobrecer al prójimo, se acrecienta con la generosidad del reparto. Cada vez que el Masón enseña lo aprendido, cada vez que comparte la claridad adquirida por la lectura y la meditación, está multiplicando los panes de su propio espíritu y haciendo partícipes de su mesa intelectual a cuantos le rodean.

De aquí se desprende la lección cívica y filosófica que la Logia confía al Compañero al confiarle su palabra: la abundancia auténtica no es patrimonio del avaro, sino del justo; no se acumula en graneros cerrados, sino que circula, se transforma y se distribuye como el agua generosa de un manantial. Quien recibe trigo, vino y aceite debe, a su vez, convertirse en sembrador, en viñador y en aceitero de sus hermanos, entendiendo que la prosperidad personal sólo adquiere su pleno sentido cuando se vuelca en el bien común y en la elevación de la comunidad. Así entendida, la Palabra de Pase deja de ser un signo de reconocimiento entre Masones para convertirse en un compromiso perpetuo de fecundidad moral, un recordatorio constante de que el verdadero Compañero no se contenta con haber sido iluminado, sino que se afana por iluminar, no se satisface con haber aprendido, sino que persevera en enseñar, y reconoce, en fin, que la abundancia mayor a la que un hombre puede aspirar es aquella que, siendo inagotable en su fuente, se derrama sin cesar sobre los demás.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

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