Segundo Grado • Compañero Masón

La Marcha del Compañero

Volver a EstudiosCÁMARA DE INSTRUCCIÓN
Descubre los cinco pasos de la Marcha del Compañero y su profundo simbolismo. Los giros laterales representan el viaje iniciático por el mundo en busca de luz y conocimiento.

La Marcha del Compañero constituye, dentro de la tradición simbólica de nuestra Orden, una de las lecciones más elocuentes y antiguas que recibe el iniciado al ser exaltado al segundo grado. No se trata de un mero orden de movimientos ni de una coreografía convencional: en ella se contiene una verdadera alegoría del caminar humano, pues el Compañero encarna al hombre que, habiendo salido de las tinieblas de la ignorancia, prosigue su búsqueda de la luz a través de los senderos del mundo. Cada paso y cada giro son, por tanto, la traducción plástica de un itinerario interior, una meditación en acción que recuerda al neófito que la sabiduría no se alcanza en la quietud, sino en el movimiento ordenado, mesurado y consciente hacia la verdad.

Los cinco pasos que el Compañero ejecuta no obedecen al capricho ni a la simple convención ritual: en su aparente sencillez se oculta una geometría moral de profundo contenido filosófico. El primero, perpendicular al segundo, y el tercero, perpendicular al primero, dibujan sobre el pavimento del Taller la figura de la escuadra abierta, recordatorio constante de que toda obra bien hecha debe ajustarse a regla y compás. La tradición enseña que estos cinco pasos aluden, además, a las cinco perfecciones del espíritu —la rectitud del talón, la firmeza del pie, la fortaleza de la rodilla, la elevación del pecho y la prontitud de la mano— y que a través de ellos se simboliza el dominio progresivo que el hombre va alcanzando sobre sus propias facultades, hasta convertir su persona en un instrumento armónico al servicio de la virtud y del bien común.

Los giros laterales, con los que el Compañero vuelve su rostro hacia los cuatro puntos cardinales durante su marcha, constituyen la expresión más acabada del carácter universalista de la Francmasonería. Al orientar sucesivamente la mirada hacia Oriente, Occidente, Septentrión y Mediodía, el iniciado comprende que su búsqueda no reconoce fronteras geográficas ni límites de pueblo o creencia, y que la luz que persigue brilla por igual para todos los hombres de buena voluntad. Este girar simbólico equivale, en suma, a una invitación a recorrer el orbe no como conquistador, sino como peregrino del conocimiento, llevando consigo la antorcha de la razón y el respeto sereno por la diversidad de lenguas, costumbres y culturas. De este modo, la Marcha del Compañero deja de ser un simple ejercicio ceremonial para transformarse en una escuela ambulante de ciudadanía, de tolerancia activa y de amor a la humanidad entera.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

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