Segundo Grado • Compañero Masón

La Regla y la Escuadra

Volver a EstudiosCÁMARA DE INSTRUCCIÓN
La Regla y la Escuadra en la Masonería simbolizan la unión entre el deber recto y la conducta virtuosa. Descubre cómo estas herramientas sagradas moldean al Masón con rectitud moral inquebrantable.

La Regla y la Escuadra, herramientas elementales del Arte, han sido desde tiempo inmemorial los atributos más preciados del iniciado, no ya para labrar la piedra material en la construcción del templo, sino para medir y ordenar la obra interior del espíritu. Presentadas al Aprendiz en el umbral de su jornada, estas dos piezas simbolizan los principios gemelos de toda conducta verdaderamente masónica: la dirección recta del deber y la rectitud sin doblez de las acciones. Su significado trasciende la geometría y se adentra en el territorio de la filosofía moral, pues así como en el arte de construir no se levanta muro sin línea ni ángulo, tampoco puede el hombre libre erigir su carácter sobre el fundamento de la virtud si carece de una guía invariable y de un patrón inflexible con que cotejar sus obras. El Masón recibe, pues, en la Regla y la Escuadra el emblema permanente de su compromiso ante el Gran Arquitecto del Universo y ante la sociedad de sus hermanos.

La Regla, trazada como línea recta que se prolonga sin desviación, representa la dirección del deber, ese rumbo inflexible al que el iniciado debe orientar cada uno de sus pasos, tanto en el taller como en el mundo profano. Es la senda del deber cumplido que no se tuerce ante la conveniencia ni cede ante la presión de las pasiones; es la medida invariable de la palabra empeñada y de la promesa formulada ante el ara de las obligaciones. Siguiendo esta línea, el hombre aprende a discernir lo recto de lo oblicuo, lo justo de lo aparente, y a sostener el peso de sus resoluciones con la firmeza de quien ha sido instruido en que toda construcción moral exige cimientos alineados con la verdad. De este modo, la Regla no es un instrumento de coacción, sino una invitación venerable a que cada uno de nuestros actos se trace, como el filo luminoso de la plomada, en dirección al bien común y a la elevación del propio ser.

La Escuadra, por su parte, encarna la rectitud de la conducta, ese ángulo perfecto que no admite inclinación ni componenda y que sirve para probar la igualdad de nuestras acciones frente al prójimo. Si la Regla marca el camino, la Escuadra verifica la calidad de lo edificado sobre él, porque de nada serviría una dirección noble si las obras se levantan torcidas o desmedidas en relación con los otros. El Masón aplica la Escuadra a sus pensamientos antes de que se conviertan en palabras, a sus palabras antes de que se tornen acciones, y a sus acciones antes de que redunden en juicio de los hombres. Así, la unión inseparable de estos dos atributos enseña que la verdadera Masonería no consiste en predicar una moral abstracta, sino en vivir de manera armónica la conjunción del deber y la equidad, del camino recto y la obra bien trazada, hasta convertir cada jornada en un acto de legítima construcción interior y de servicio fraternal a la humanidad.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

EXPLORAR BIBLIOTECA →