El Soberano Capítulo de Kadosh constituye, dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, una de las más altas tribunas filosóficas y morales donde el iniciado es convocado a meditar sobre la dignidad inviolable de la conciencia humana. La palabra Kadosh, de raíz hebrea, evoca lo separado, lo consagrado, lo que se aparta de lo profano para entregarse al estudio de las verdades esenciales; y es precisamente ese apartamiento simbólico el que define la naturaleza de este cuerpo, al cual pertenecen los grados trigésimo y trigésimo primero, antesala inmediata del Supremo Consejo. En él, la masonería abandona el plano meramente operativo o simbólico de los primeros grados para elevarse a una contemplación serena de los grandes principios que sostienen la convivencia entre los hombres: la libertad de pensamiento, el respeto absoluto a las creencias ajenas y la búsqueda desinteresada de la verdad. Es, en suma, una escuela de ciudadanía universal donde el masón aprende a juzgar con la razón serena y a sentir con la caridad bien entendida.
El contenido filosófico del Soberano Capítulo se nutre de la memoria histórica de cuantos sufrieron persecución por sostener sus convicciones, y muy singularmente del espíritu templario evocado por la tradición del Rito, no como culto a una orden extinguida, sino como reconocimiento de aquellos hombres que prefirieron el destierro, el martirio o el silencio antes que renunciar a la libertad interior de su espíritu. Kadosh enseña que ninguna potestad terrenal es legítima cuando pretende domeñar la conciencia, y que el fanatismo, ya se disfrace de dogma religioso, de dogma político o de dogma filosófico, es siempre el enemigo declarado de la humanidad. A través de sus alegorías —la espada justiciera, el juicio de los corazones, la prueba del fuego purificador— el capítulo propone al masón la tarea inacabable de discernir entre la autoridad que edifica y el poder que oprime, entre la tolerancia que ennoblece y la indulgencia que corrompe. Cada uno de sus grados es un peldaño hacia una comprensión más honda del deber moral que nos vincula con nuestros semejantes.
En consecuencia, el trabajo del Soberano Capítulo no se agota en la ceremonia ni se limita a la sala del templo, sino que se prolonga en la vida cotidiana del iniciado como un imperativo de conducta. Ser Kadosh es comprometerse, en la órbita laica y universal que define a nuestra orden, con la defensa serena pero firme de los derechos inalienables de la persona, con el cultivo de una piedad ilustrada que honra a la divinidad sin pretender encadenarla, y con el ejercicio constante de una virtudes muy antiguas y siempre nuevas: la prudencia para escuchar, la fortaleza para resistir la presión de las mayorías engañadas, la templanza para no dejarse arrastrar por las pasiones colectivas y la justicia para dar a cada quien lo que en verdad le corresponde. El Capítulo, al conferir a sus miembros el título augusto de soberanos, no les otorga potestad alguna sobre los demás hombres, sino una responsabilidad solemne sobre sí mismos: la de convertirse, día tras día, en guardianes invisibles de la libertad de conciencia y en artesanos silenciosos de una humanidad más fraterna, más sabia y más justa.
Lectura complementaria
La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.
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