Tercer Grado • Maestro Masón

Los Tres Asesinos de Hiram

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La Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición son los tres asesinos de Hiram, fuerzas oscuras que destruyen al maestro. En la tradición masónica, estas sombras representan el vencimiento de la verdad y la luz del conocimiento.

La leyenda de Hiram Abif, arquitecto venerable de aquella obra cuya memoria custodia la Tradición, no nos habla de un crimen lejano ni de una venganza antigua, sino de un drama que se repite en cada conciencia humana cuando la verdad pretende levantarse en el corazón del hombre. Los tres asesinos que surgieron a la puerta del Templo para derribar al Maestro no son personajes de una historia acabada, sino personificaciones vivas de los vicios que aún acechan al iniciado: la Ignorancia que no quiere ser enseñada, el Fanatismo que no quiere comprender y la Ambición que no quiere servir. Quien se detiene a estudiar esta alegoría descubre que Hiram no cayó sólo bajo el peso de tres puñales, sino bajo el peso de la condición humana misma cuando rehúye la luz, la tolerancia y la fraternidad. Por eso la Masonería la repite generación tras generación: porque cada nuevo maestro debe aprender a reconocer, antes de levantar su mallete, las manos que en su propio pecho aguardan el momento del golpe.

La Ignorancia es el primero de los tiranos interiores, pues no ataca con la furia de la espada sino con la quietud del que jamás ha buscado; oscurece la inteligencia, embota la sensibilidad y convierte al hombre en una piedra bruta incapaz de recibir el cincel del arte real. El Fanatismo, en cambio, no se satisface con la ignorancia, sino que la transforma en certeza absoluta y la arma de un celo destructor que confunde la rigidez con la virtud y la intolerancia con la fe; allí donde el ignorante permanece en silencio, el fanático levanta hogueras, condena sin escuchar y persigue en nombre de lo que ni siquiera conoce. La Ambición, finalmente, corona la obra de los otros dos, porque quien no sabe y cree saberlo todo termina por apetecer el poder para imponer su sombra; ella es la que mueve el último golpe, la que ordena cubrir la obra para que nadie más la encuentre, la que siembra la confusión entre los propios compañeros del Taller. Estos tres asesinos, aliados entre sí, han derribado en la historia a los filósofos, a los artistas, a los sabios y a los pueblos enteros que olvidaron que la verdad sólo florece donde la razón dialoga, donde la conciencia se humilde y donde el poder se pone al servicio del bien común.

Pero el simbolismo masónico no termina en la tumba del Maestro, porque el verdadero iniciado sabe que Hiram es buscado, hallado y nuevamente levantado por la perseverancia de quienes se niegan a aceptar el triunfo definitivo de las tinieblas. La instrucción que de aquí se desprende es a la vez severa y luminosa: el Mason está llamado a vigilar su propio templo interior, a expulsar de él la Ignorancia mediante el estudio constante, el Fanatismo mediante la tolerancia activa y la Ambición mediante la devoción desinteresada al bien de los hermanos. Cada vez que el iniciado se instruye, ejerce la caridad o modera su orgullo, está levantando nuevamente al Maestro y pronunciando de nuevo su palabra perdida; cada vez que cede a la pereza mental, al juicio precipitado o al deseo de dominar, está hundiendo de nuevo el puñal en el pecho de la verdad. Así, la leyenda de los tres asesinos se convierte en una pedagogía cotidiana y silenciosa, que nos recuerda que la obra del Templo no se construye solamente con la piedra y la escuadra, sino, sobre todo, con la victoria diaria del iniciado sobre aquellas fuerzas que, en él mismo, conspiran sin tregua contra la luz, la justicia y la fraternidad.

Lectura complementaria

La Biblioteca de Sueños reúne guías editoriales sobre memoria, símbolos y reflexión personal.

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